Editorial

Editorial

Elecciones de octubre y nuevo gobierno peronista

El 27 de octubre pasado, los argentinos nuevamente fuimos convocados a votar. Poco más de dos meses atrás ya lo habíamos hecho en las llamadas PASO, acto electoral en que costosamente para el erario público, la población es obligatoriamente solicitada a definir con el voto las internas partidarias.

Tenemos esperanza de que éste despilfarro de la política o la politiquería no se repita en los años por venir. El caso es que, en esa elección, se produjo un triunfo rotundo, que sorprendió a los medios, a los cada vez menos confiables encuestadores e incluso a la misma clase política que se sorprendió – de un lado y de otro – de lo ocurrido. Una muestra más de cómo los sectores con poder; prensa, partidos, más allá de sus declaraciones y “agudos análisis”, viven despegados del acontecer real de la población.

Por que para el pueblo no fue una sorpresa el triunfo del candidato peronista, porque es la gente quien realmente padece los desvaríos y las políticas que atentan contra su nivel de vida. Alertado por el resultado, el gobierno puso en marcha una inmensa maquinaria electoral que llegó hasta tomar medidas de gobierno (realizadas sin pudor alguno) con el solo objetivo de cambiar lo que el 11 de agosto la ciudadanía había expresado.

Se transformó de la noche a la mañana en abanderado actor de la demagogia que acusaba a los demás. Con la plata de las provincias, el gobierno nacional sacó el IVA, repartió bonos, prometió a diestra y siniestra sin reparar en la reales posibilidades económicas de una economía desvencijada, llegando al extremo de tener que ser frenado en su conducta (que rozaba la ilegalidad) por la Jueza Servini De Cubría. A la vez, alentaba irresponsablemente el miedo de los mercados (sabiendo de que su fragilidad estaba ocasionada por sus malas políticas) y trasladándolo, además, a los sectores de clase media y de altos ingresos, planteando que la confirmación del triunfo popular traería consigo la llegada de una ola expropiadora o poco menos.

Todos sus deleznables actos realizados por la desesperación que le provocaba la posibilidad de tener que desprenderse de un poder, del que no habían dado prueba alguna de merecer. Tuvo la malicia y la habilidad (con la ayuda de muchos periodistas estrellas), de colocar a los ganadores en la posición de explicar el sentido de su retorno. Cada exposición pública consistía en aclarar que los proyectos que esbozaban no pretendían ir en contra de la seguridad de la población, ni de atentar contra sus bienes y, menos que menos, de menoscabar sus derechos consagrados por la constitución.

 El gobierno y los fieles reproductores de su política pedían, una y otra vez, constantes certificaciones de buena conducta a sus principales opositores, mientras él presidente procedía, sin solución de continuidad, a realizar un desbarajuste tras otro. La visión era de que se hundían cada vez más, pero eso no parecía alentarlos en la continuidad de sus estropicios, total no faltaban sus grandes propagadores en los medios, que hacían lo imposible por maquillar la inminente derrota del modelo.

 No convencieron a nadie. La gente, como dice el dicho popular, “no come vidrio”, el voto popular permaneció intacto y fue más que suficiente para ganar sin zozobra alguna la elección. Si consiguió –el gobierno decimos- sumar a algunos sectores despolitizados, que por carentes de buena información, fueron presa de la propaganda de miedo y terror que esparcieron de manera descarada en todo el país. También lograron rapiñarle algunos votos a los otros candidatos conservadores, votos que los acompañaron solo para evitar la ayuda a lo que el gobierno había construido como el “mal mayor”.

 Consiguieron sumar algunos votos, pero a costa de obtener una retirada indigna, en la que a la vista de todos, dejaron abandonados la dignidad ética y muchos de los principios de los cuales se decían abanderados.

El 27 de octubre, aniversario de la muerte de Néstor Kirchner, el pueblo, de manera contundente, sin necesidad de segunda vuelta, votó por un cambio de gobierno; por la vuelta del peronismo, que casi siempre (con todos los errores, con todos los reparos, que desde izquierda y derecha, se le pueden achacar) han demostrado, tienen un oído para escuchar el sufrimiento del pueblo, y que tienen, además, siempre a mano, la disposición de un gesto, una intención y una acción de hacer algo para solucionar los problemas de la patria. 

Comentarios

¡Sin comentarios aún!

Se el primero en comentar este artículo.
Volver arriba