Quién tiene algo para festejar
La escena transcurre en un silencio que la vuelve surreal, en pleno centro de la ciudad vacía. El hombre avanza con su carro por el asfalto y se detiene en una esquina, le llegan por el aire gritos l...
La escena transcurre en un silencio que la vuelve surreal, en pleno centro de la ciudad vacía. El hombre avanza con su carro por el asfalto y se detiene en una esquina, le llegan por el aire gritos lejanos de alivio o de entusiasmo, fragmentos de relatos de los balcones, retazos de un partido que ocurre muy lejos y muy cerca. Mientras se saca la gorra para secarse la transpiración, todavía apoyado en su carro, le llega el gol y ese sonido hermoso del desahogo colectivo, el festejo que aquí y allá todos tiran para afuera y que parece inundarlo porque él ahora está llorando, ha pasado a secarse las lágrimas con esas manos grandes y callosas, y ahora está también riendo y ahora mira al cielo como agradeciendo, así como hacen los jugadores en ese campo de juego que está tan lejos y tan cerca.
Fuente: https://www.pagina12.com.ar/2026/07/20/quien-tiene-algo-para-festejar/